Texto propio II

La obra se inscribe dentro del contexto de la pintura contemporánea, en inter-locución con autores como Frankz Ackermann, Beatriz Milhazes, Fiona Rae y Roberto Matta.
Tiene la voluntad de construir un nuevo espacio con el lenguaje de la pintura.
Reflexiona sobre el movimiento desde dos perspectivas posibles:
en su manifestación espacial en tanto física y como signo de impermanencia en su carácter místico, inmaterial.

Complejidad y potencial con la mirada puesta en lo botánico para comprender la sinergia celular que se vuelve ornamento en transición.
Sus vibratos potentes no calman y siguen operando aun en la distancia.
Son los colores altos en saturación que generan una euforia nada tranquilizadora.
La obra muestra una densidad tanto matérica como anímica. Apoyada en lo perceptivo-sensorial, su psicodelia atrae y embriaga en un marco festivo.

Es su aspiración vital ir más allá del universo tridimensional, estableciendo relaciones entre conceptos tales como espacio, movimiento, magma, profundidad, que se definen tanto en términos matéricos, como cuánticos, o sea como un campo de fuerza inmaterial. Se trata de lo que emite respaldado por lo que se ve.

La obra acepta y se nutre de una metamorfosis constante.
Es su génesis.

A través del comportamiento gestual se genera el avance de la forma-color en espacios imaginarios como una unidad de masa informe en un ensamblaje al azar que se mueve de una obra a otra.
La recombinación de estos elementos generan nodos, en aglomeraciones por afinidad.
Las representaciones espaciales se superponen hasta lograr una estabilidad plástica.

Sin carga ingenua, la obra no trata de la supremacía de la forma más acabada o protagónica sino la sinergia de estas unidades, siendo este desarrollo morfológico equivalente al movimiento celular en un gesto sobre gesto.

Es fundamental su estudio de psicología orientada hacia las neurociencias.
Influyen la interacción entre ciencia, naturaleza, arte, la física cuántica, las distintas dimensiones.
La deconstrucción del espacio aparece como metáfora de la materia en proceso, en constante movimiento y transformación, por ende, la reflexión es acerca de la incertidumbre.