Un jardín inestable, por Alicia Vandamme

Irina Rosenfeldt expone en Galería Damme (La Plata, Pcia de Buenos Aires).
Publicado en que responda el viento, 27/04/2015


Alexander Kluge es un cineasta y escritor alemán. Una de sus últimas películas dura 570 minutos. Se llama “Noticias de la antigüedad ideológica” y es un intento desmesurado, demencial, de representar el texto “El capital” de Karl Marx (como desmesurado había sido el proyecto similar de Eisenstein en 1927).

Si algo tiene de interesante esta película maratónica de Kluge, es que es un monólogo absolutamente inclusivo. Todo tipo de materiales funcionan en el film, casi hasta llegar a parecer una película sin autor. La obra tiene una “arquitectura desmembrable”. El presentador de la película en Buenos Aires la definirá como “película taller o circo de variedades”.

Todo esto se relaciona con la idea de Kluge sobre la teoría del montaje y sobre su teoría del arte.
Así, en su libro “Contexto de un jardín”, una recopilación de muchos de sus mejores discursos, Kluge dirá:
“Ni en mis textos ni en mis películas recurro al montaje con el objetivo de forzar contextos; tampoco para vender alguna cosa valiéndome de la retórica. En mi caso, el montaje es mucho más la expresión de aquello que describo, el intento de conservar la vida propia de algo difícil de comprender. El amor a esa vida es el vehículo de la comunicación. La sorpresa, lo improbable, la contradicción aparente, ponen en movimiento los sentidos”.

En ese mismo texto también explicará que él se comporta como un “jardinero apasionado” y seguidamente a ello que, el contexto de un jardín, eso mismo, será el montaje.

Este discípulo de la Escuela de Frankfurt que se viste de jardinero, concebirá la idea del arte como del orden de un jardín. Sin arbitrariedades, conectado por reglas no fijadas, sin sistema. Tal vez como dirá la prologuista y traductora del libro al español: “su idea de un jardín es estética”. A esta idea de desmesura y desorden la sostiene una conexión subyacente cohesiva. Un orden natural.

Los enormes “jardines” de Irina Rosenfeldt parecen no respetar arbitrariedades. Si hay un jardinero aquí, es uno que respeta el orden natural, que deja crecer abundantemente y que confía, como su jardinero colega Kluge, en que algo puede crecer por sí mismo.

Rosenfeldt dirá que en su movimiento, deconstrucción, su forma, lo complejo del mundo no puede ser absorbido inmediatamente. Allí tal vez, otra puesta en lugar dentro del gran jardín de la serie de “En virtud de lo inestable”. Botánicamente necesario detenerse a “escuchar” cada cuadro, (que es también un sueño) desordenado, incomprensible, vivaz.

Las pinturas de Irina Rosenfeldt claramente no fuerzan al contexto. Sí creo que (como Kluge) parecen querer conservar con este montaje aparentemente desbordado, la vida propia de algo difícil de comprender e intentar comunicárnoslo. Narrar.